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H u a n c a n é

Síntesis Histórica

Todo pueblo, como todo hombre, tiene una partida de nacimiento, pero en el presente caso como en todos los similares, la historia de la casi totalidad de los pueblos, se pierden en la noche de los tiempos. Es por ello que tenemos que echar mano a datos a veces contradictorios, pero que por inducción tratamos de conciliarlos para acercarnos a la verdad.

         Se nos ocurre describir la presencia de Huancané, ante su devenir histórico y cotidiano, como un bello paraje aprisionado por dos murallas pétreas que responden a los nombres de Pocco-Pacca o cerro del Calvario y Santa Bárbara, que lo aprisionan cariñosamente proporcionándole las delicias de un clima agradable  por excepción en el altiplano. Allí se yergue como el ojo avizor de una civilización, cuya historia es solo ya leyenda. Guerrero y cruel en sus albores, conquistó a otros pueblos con su salvaje furia y reveló ante el abuso y la opresión, sembrando el pánico por doquier al golpe mortal de su titánico mazo y el empuje avasallador de lo recios Chirihuanos que dominaron al tiempo y la tierra con el impulso de sus vandálicos  gritos de guerra. Sus estridentes y tercas notas aún hieren un día del año su silencio cielo serrano, cual broncas protesta de la guerrera música de antaño, para clavarse impávidas en una promesa de fe y esperanza. Tropel de hombres o bestias en loca algarabía cual centuria romana, ejecutan su danza cruel y hombruna al compás de las disonantes notas espectadoras por los pulmones de mil años de esclavitud de una civilización que ya solo es penumbra.

         Durante el correr del año, este salvaje ambiente se trunca en tintes de arco iris y en el bello celaje andino y se viste de fiesta con los ensueños de las quinceañeras para alegrarse con algarabía, todos quieren borrar sus pecados para recibir la bendición del madero santo. El Señor de la Santísima Cruz de Huancané, paseado en solemne procesión con ceras chorreantes de culpas en medio de detonaciones que hieren las nubes, bendice un año más del tiempo que se va; los lamentos de los sicuris lo acompañan en su paso de gloria. Y luego el olor al 28 de Julio, se estampa en las calles para cambiarle de ropaje. Mil trompetas, pasos marciales por doquier, rinden homenaje patriótico al blanco de los nevados  andinos y al rojo del Sankayo inca. Cuan patriotas nos sentimos entonces.

         Y así va corriendo el tiempo día a día hasta que llega la noche fulgurante de hilos de plata, que desgarra el charango jaranero en duelo con el gallo del cumpleaños, para despedazarse a las caricias del fúlgido sol serrano que viene a romper la monotonía de muchos días sin huella.

         Nos dice la tradición que durante el reinado de Amaru Inca Yupanqui, una de las regiones más abandonadas de su imperio fue la parte occidental del lago Titicaca, frecuentemente asediada por los famosos Chiriwanos, procedentes del Beni (Bolivia), o del Paraguay, por esta época  se deslumbraba ya la decadencia del imperio de Manco y habiéndose cristalizado en muchas oportunidades de Amaru Inca, se le obligó a aplicar el trono a favor de su hermano Tupac Yupanqui, caso único en la historia de los incas. Este nuevo monarca resolvió poner freno a las constantes incursiones de los Chiriwanos que aún hacían peligrar la estabilidad de su gobierno, y designo al curaca Huanca, jefe de la tribu de los Curaras Huancas, encomendándole  mediante el Apu de Chinchaysuyo que se constituyó en la región del lato Titicaca para enfrentarse a los Chiriwanos. Iniciada la difícil empresa camino al Collasuyo después de penosas marchas acampó  en Taraco. Prosiguiendo la marcha fue grande el estupor de los pacificadores al encontrarse en forma sorpresivamente un innumerable ejército Chiriwano, que por momentos puso en peligro la difícil tarea. Fue entonces que la intervención de las mujeres decidió el triunfo a favor de los Huancas, pues los Chiriwanos jamás habían visto guerrear a las mujeres.

         Durante su marcha triunfal los Huancas se dieron cuenta de que esta zona era fértil y acogedora a la para que estratégica para repeler posteriores incursiones, siendo dicho lugar, el mismo en el que hoy se levanta la ciudad de Huancané. Desde aquí el curaca legó su gobierno local a su hijo Huancarani a Huancané, quien al tener noticias de las guerras intestinas entre Huascar y Atahualpa  y luego la invasión de los conquistadores españoles, se dirigió a la ciudad imperial con el grueso de su ejército. Desgraciadamente el jefe anciano dejó sus huesos en el camino y el destino le privó del pesar de ser testigo de la caída del Gran Imperio. Dice la leyenda, que durante el sitio del Cusco, fueron los Huancaneños los que dieron el primer asalto a los fortines de los Españoles y los primeros también en caer por la gloria del Imperio.

         Huancané jefe del último guerrero inca sirvió de nombre a este pueblo, con la sola acentuación de la (é) al final.

         Pasaron los tiempos y Huancané siguió  superviviendo como uno de los tantos poblados incaicos que abundan a lo largo y ancho del Imperio de Tahuantinsuyo, formando  tribus de diferentes nombres, hasta que llega el día de la fundación española de la ciudad. Señalan los historiadores entre ellos Jaime Ruiz de Camacho, que fue el 12 de Octubre de 1722, precisamente aquel en que quedó concluida la construcción de la iglesia Matriz de San Santiago y el homenaje a Cristóbal Colón.

         Fueron  los nobles españoles: Cristóbal de Manzaneda, Horacio Conde de San Román, Felipe de la Riva Alncastre, Buenaventura Llamosas Rocafuerte y José María Pomareda y Gallo, residentes en el Cusco, quienes por encargo de una Ordenanza  Real se constituyeron  a la región de los Huancas para fundar la ciudad de Huancané, homenaje a los Huancanés. Todos los Fundadores formaron el primer Cabildo y poco después retornaron a la ciudad del Cusco, a excepción de San Román, Pomareda y Llamosas que habían fallecido. Todos estos caballeros, dejaron prole en bellas indígenas huancaneñas, que eran prestadas, según se dice, todas las noches a los caballeros españoles.

         Años después, los descendientes de aquellos, Ignacio Pomareda Incaluque, Benito San Román  Condorena, Romualdo Alencastre y Huanca y Felipe Alencastre y Huanca, eran los pobladores de Huancané, quienes prepotentes comenzaron a realizar actos de vandalismo, que provocó la ira del jefe Morata Inti Condorena, que con un grupo de guerreros incursionó sobre el poblado aprovechando las sombras de la noche pasando cuchillo a todos los pobladores descendientes de los fundadores de Huancané. Este jefe guerrero se enseñoreó en a región desde 1765 hasta 1798, en que se asentaron otros aventureros venidos de Bolivia, entre ellos don Juan Gonzales de la Rivera y Miguel Santa Cruz Miranda, quienes antes de establecerse en esta ciudad permanecieron por algún tiempo en Vilquechico, que entonces se denominaba Chacarani..

         Con el correr de los años siguieron instalándose en Huancané otras familias de origen Boliviano las mismas que trataban de captarse la voluntad de los indígenas para no correr la suerte de los anteriores.

         Se afirma también que allá por el año 1818, llego a Huancané el caballero arequipeño don Antonio Riveros, Acaudalado comerciante que contrajo matrimonio con doña Estela Gonzales hija del Capitan Juan Gonzales, sentando cabeza definitivamente heredades que le prodigaron la virtud de ser un hombre de gran influencia y bastante conocido en la ciudad de Lima, situación que le valió para conseguir que Huancané fuera elevado al rango político de Provincia, mediante Decreto Supremo del 13 de Julio de 1822.

         Cabe anotar que no existe uniformidad en los historiadores con referencia a la fecha de la fundación española de Huancané, así por ejemplo el Dr. Charles Sciposon afirma que fue un domingo del año 1688 en que se fundó la ciudad de Huancané, por ordenanza Real y que dicha fundación fue encomendada al cura Miguel Porcelles y a los criollos Manuel Iparraguirre, Benjamín Sarmiento y Justo Rivadeneira domiciliados y residentes en la ciudad del Cusco.

       De su parte Jaime Ruiz de Camacho, señala que fue el 29 de Junio de 1701 el día de la fundación española de Huancané. Ya hemos indicado que Jorge del Rivero Avila Señala el 12 de octubre como dicha fecha. Pueden haber otros datos que nosotros no los conocemos.

         Lo que actualmente se festeja el 19 de Setiembre de cada año, es en realidad la designación de Huancané, como capital de la Provincia del mismo nombre, que es cosa muy distinta a su fundación española como ciudad.

         Tal es pues a grandes razgos la historia de la fundación de Huancané, tema al que no ponemos punto final, pues por el contrario, dejamos las puertas abiertas para la consignación de mejores datos si acaso conseguimos al igual, mejores fuentes de información.

       FUENTE: Dr. Leonidas CUENTAS GAMARRA.